Ahmed abre de un empujón la puerta y la cierra de golpe tras desaparecer en el pasillo. No me atrevo a seguirle para no dejar a Basima sola aunque sé que en estos momentos está fuera de peligro. Aprovecho la ausencia de mi esposo para sentarme un poco. Desde hace un par de días, los nervios por la cercanía de la boda me han desajustado el cuerpo. Camino por inercia porque lo único que quiero es descansar, me pesa la cabeza y el estómago se me hace bilis.
Pero, otra vez, el destino me niega los