Han sido horas de angustia infinita. Mientras Basima se debate entre la vida y la muerte, afuera, en el jardín, los invitados de la boda están celebrando nuestra unión. A través de la ventana, escucho las risas y la alegría. Me suenan falsas porque cada uno de ellos tiene una cuenta pendiente con el mercado de esclavas, un vacío interior que no se llena con colores, danzas, panderos o bebidas.
Ahmed ha justificado nuestra ausencia con la excusa de que le ha urgido hacer el amor conmigo. A parti