Amarte es mi condena. Cap. 9: Invadiendo propiedad privada.
Salvador besó el cuello de Majo, saboreó su dulce aroma, y su delicada piel, sintió como ella se estremecía ante las caricias que sus labios dejaban en su garganta; sin embargo ella no era consciente de lo que estaba haciendo, y él no quería que luego fuera a arrepentirse o peor aún que lo acusara de haberse aprovechado.
—Creo que es mejor que descanses —susurró, haciendo un esfuerzo sobrehumano intentó separarse de ella, pero Majo lo atrapó con su brazos, y enredó sus piernas en las caderas d