Amarte es mi condena. Cap. 8: Sueños prohibidos.
Majo se puso de pie, estuvo a punto de lanzarle la bebida en el rostro, pero se contuvo, apretó los dientes.
—¿Crees que no soy capaz de competir con mi hermana? ¿Acaso piensas que un hombre que conozca a Malú Duque no se puede fijar en mí? —indagó con los ojos cristalinos y la respiración agitada.
—Habría que estar ciego, sordo, mudo para no fijarse en una mujer como tú, pero no te mereces un amor a medias, sino alguien que te ame solo a ti —declaró él.
—Sebas me ama —gritó Majo.
—¿Estás