Amarte es mi condena. Cap. 66: Felices por siempre.
Salvador inhaló profundo, tenía los ojos aguados, su respiración era irregular, miró con ternura a su hijo, a los dos nos les importó que el médico se hubiera equivocado y que tuvieran un varón.
—Debemos pensar en un nombre —dijo Majo mientras besaba la frente de su pequeño hijo—, se parece a ti —susurró y miró a Salvador.
Salva sentía el corazón apretujado, no tenía palabras para agradecerle a Majo por tan inmenso regalo, se acercó a ella, la besó, y de pronto ella de nuevo se quejó.
—¡Aa