Damián Webster.
Sin esperar ni siquiera a que el auto se detuviera por completo al entrar en la mansión, bajé de él y con rapidez caminé al interior de la casa. Sentía mis sienes palpitar desde el primer segundo que supe que mi hija estaba en peligro. El corazón latía desbocado y en ocasiones creía que la respiración me fallaba y el aire se negaba entrar en mis pulmones.
Nunca antes recuerdo haber sentido un miedo tan profundo como el que estoy sintiendo ahora.
Sólo quería entrar, quería que Ám