Al llegar a mi casa con unas inmensas ganas de llorar, me tiro a la cama y dejo que mis sentimientos afloren. Lloro de dolor y de rabia por no poder hacer nada, por no poder contarle la verdad a Máximo y por tener que trabajar en ese apestoso lugar.
- Te odio, Matías. Te odio - grito lo más fuerte posible, quitando toda esta rabia. Escucho cómo mi celular suena y veo que es Tamara.
- Tam, te necesito - digo entre sollozos.
- Voy para allá. - Cuando llega, le cuento todo lo que pasó y, por algún