Al llegar al hospital, el médico me revisa y me hace exámenes. Nos dijo que tenía una fisura en la costilla, pero que no era grave; solo debía guardar reposo por unos días. Max, como buen novio, sugirió que me fuera a su casa mientras me recuperaba, y yo acepté encantada.
Al llegar, me deposita en la cama y se acomoda a mi lado.
—Alai, casi muero del susto —digo tomando su mano.
—Hey, no fue nada, ya estoy mejor —responde él con una sonrisa para tranquilizarme, hasta que escuchamos cómo se abre