Recorro con mis manos la espalda de Alai mientras profundizo nuestro beso. Muerdo suavemente su labio inferior y escucho un gemido.
—Max, espera, por favor —me separo de ella con nuestras respiraciones agitadas.
—Nena, por favor, hablemos —ella da una fuerte respiración y asiente.
—Vamos a tu casa, quiero ver a mi hija —yo asiento y la conduzco a mi coche.
El recorrido fue silencioso, pero no incómodo. Ella iba sumergida en sus pensamientos y yo en los míos. Necesito recuperarla, necesito que vo