El camino de regreso fue en silencio. Demian conducía despacio, con las manos firmes sobre el volante, pero con parte de su atención en lo que a Aria podría pasarle. Sabía que le había dolido lo sucedió en el bar, pero no quería avasallarla, quería darle su espacio. Aria mantenía la mirada perdida en la ventanilla. La ciudad pasaba entre sombras y luces, mientras que el alba estaba haciendo presencia levemente en el cielo.
—¿Quieres que suba la calefacción? —preguntó él, casi en un susurro para