—Emilia, su novio viene por usted. —Ecuché decir a la enfermera mientras entraba a mi habitación.
—Muchas gracias.
Tenía mis maletas listas, me habían avisado en la mañana que mi alta estaba autorizada y que irían por mí. Sabía que llegar nuevamente a esa casa sería un castigo eterno, pero también tenía claro que era la única forma de salir de la clínica.
Vi a Andrés firmando mi alta psiquiátrica. Me saludó con un cálido beso en la boca. Se veía feliz y muy relajado, en algún momento pensé qu