El roce del dedo de Ji-hoon en su mejilla apartó a Valeria de la densa bruma del cansancio corporativo. La joven CEO parpadeó lentamente, despegando el rostro de sus brazos cruzados sobre la mesa de madera fina. Al principio, la penumbra de la suite distorsionó su agudeza analítica; creyó que la silueta masculina arrodillada frente a ella era un trueno de su imaginación cansada por el trabajo. Sin embargo, al enfocar las pupilas oscuras y ardientes del artista coreano, el nudo de la ausencia qu