A las siete de la mañana, la luz gélida del amanecer quiteño inundaba el comedor. El mánager Kim permanecía sentado en la cabecera de la mesa, revisando con una seriedad ejecutiva e implacable las planillas de tiempos para el ensayo general en su tableta digital. A su alrededor, los integrantes de la banda desayunaban en medio de un silencio denso, exhaustos y desgastados por la gira sudamericana.
Sin embargo, cuando Ji-hoon y Tae-young ingresaron al salón vistiendo ropa deportiva informal de