Al apartarse del escenario de luces cegadoras y flashes, el peso descomunal de todo lo que había soportado durante los últimos dieciséis días cayó de golpe sobre los hombros de Valeria. Su mente ejecutiva, que la había mantenido rígida como una estatua de mármol frente a los micrófonos, se apagó de inmediato. El pasillo lateral pareció desvanecerse en un remolino de sombras; Valeria dio un paso inestable y se desplomó por completo, perdiendo el conocimiento antes de alcanzar los brazos de Glori