El alcohol me quemó la garganta.
Apenas podía saborearlo.
Solo una cálida y lenta sensación de hundimiento en el pecho.
Dejé el vaso sobre la mesa, pero mis dedos lo sujetaron unos segundos más, como si soltarlo fuera más difícil de lo debido.
Ewan guardó silencio.
Sabía que me estaba mirando.
Siempre me miraba así cuando intentaba averiguar si me iba a desmoronar por completo.
Me pasé la mano por la cara.
"¿Sabes qué es lo peor?"
Mi voz era baja.
Ewan no respondió.
Sabía que la pregunta era re