Después de casarse, Philippe bajó las escaleras…
pero sus pensamientos no lo siguieron.
Seguían arriba.
Sobre su espalda desnuda.
De camino, se estremeció.
Sobre su voz cuando susurró su nombre.
Intentó alejar esos recuerdos, pero volvían a trocitos, con más nitidez de la que deseaba.
Se quedó junto a la puerta, revisando su teléfono, solo para parecer ocupado.
Pero podía sentir la mirada de Ana sobre él.
Ella lo miraba.
Observándolo.
Como evaluándolo.
Tenía esa misma mirada maternal, la que in