Al escuchar aquellas palabras de Alejandro, el secretario Javier se quedó perplejo.
¿No era que el señor Rivera ya estaba convencido de que Sofía había hecho trampa?
Además, esta vez había ordenado cambiar los exámenes; en esas condiciones, era imposible que Sofía copiara, y lo más seguro era que le hubiera ido mal.
Preguntar por sus resultados parecía inútil.
Pero como su jefe había dado la orden, el secretario Javier no tuvo más remedio que levantar el teléfono y marcar al despacho del rector.