Dejé clara mi negativa.
Pero no les importó.
Vinieron de todos modos.
Regresé de la patrulla, con las botas todavía cubiertas de polvo y ceniza, solo para encontrarlos esperando fuera de las puertas del Puesto Fronterizo. Eran cuatro sombras que ya no me servían para nada: mi padre, mi madre, Diego... y Carlos.
El núcleo de la Manada Cenicienta.
Sus miradas se iluminaron, como si hubieran encontrado algo que habían perdido.
—¡Valeria! ¡Has vuelto!
Carlos dio un paso adelante primero, antes de qu