Christopher.
Los ojos verdes de Alana se aclaran a pesar de la poca luz. Siento el movimiento sutil de su garganta al tragar saliva mientras mis dedos siguen anclados en su mentón.
He aprendido a leerla. Pude percibir el pánico puro que la recorrió en cuanto pronuncié el nombre de Alexandra; su rostro perdió el color por completo, como si hubiera visto a un fantasma. No sé a qué le teme tanto, pero tengo claro que no quiero convertirme en otra de sus amenazas. Por eso, mantengo el roce delib