Capítulo 21

Alana.

No puedo dormir.

Cada vez que cierro los ojos, regreso a aquella casa, a la penumbra de un sótano donde una niña no pudo escapar.

Miro el reloj de la mesita de noche: 4:45 a.m.

Me levanto y busco mi bata. Dudo que haya un alma despierta a estas horas, así que ni me molesto en amarrarla; la dejo abierta sobre mi pijama, una camiseta sencilla de tirantes y un short. La tela extra solo me sirve para protegerme del frío de la soledad. Mis pies descalzos entran en contacto con el suelo y dec
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