Christopher.
La poca luz deja ver una imperceptible tensión en su mandíbula antes de que se vuelva a mirarme con una expresión abatida.
—Alexandra era su nombre —comienza. Su voz suena extraña, despojada de la rigidez defensiva de hace un momento—. Era un secreto a voces lo que pasaba en aquella casa. Al fin y al cabo, era una zona relativamente pequeña dentro de un gran barrio; nada podía ser un secreto por mucho tiempo.
Se coloca un mechón de cabello tras la oreja y se queda enrollándo