Capítulo 16

Alana.

—¡Ay! —me quejo, tirando la cabeza hacia atrás por el dolor—. ¿Podría dejar de jalarme el cabello? Es como la décima vez...

El hombre me mira a través del espejo con una expresión sumamente crítica.

—Si no tuvieras las puntas tan secas, esto no estaría pasando, cariño. Soy estilista, no Jesucristo. No hago milagros.

Refunfuño apretando los dientes, tragándome el insulto. Él continúa con lo suyo y, justo cuando estoy por relajarme, siento un pinchazo agudo en el costado que me hace dar un
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