Un arrepentimiento no tan tardío
Mientras tanto Sara, había alquilado un auto con parte del dinero que Bruno le había pagado por la firma de los papeles, pero durante todo el camino no dejo de pensar en lo que le habia dicho y hecho a Emily, ya estaba como a dos horas fuera de la ciudad, no dejaba de darse golpes de pecho, y sus lágrimas le recorrían las mejillas.
—No puedo creer lo que hice, no puedo creerlo, no puedo salir huyendo como una cobarde, tengo que pagar por lo que hice —se repetía