Epílogo.
Habían pasado dos años, y la felicidad entre Emily, Frank y los niños era absoluta, y habían elegido ese día para festejar que las cosas marchaban mejor que nunca en sus vidas. La casa en la playa era hermosa, una residencia acogedora con una vista espectacular, por la ventana de su habitación podía respirar se la fresca brisa del mar con tan sólo abrir la ventana, y Emily estaba completamente obnubilada disfrutando de todo aquel entorno que aumentaba su alegría y embargaba sus sentido