Paloma e Irina están en la habitación de la primera. Así que, después de una ducha rápida, ahora me siento mejor. Llevo puesto un vestido negro, a la altura de mis rodillas y encima, el apron.
Me calzo unas bailarinas negras, me miro al espejo y no puedo evitar pensar en las palabras de Roman.
—¿De verdad, Davina?
Niego.
Alejo mis pensamientos de mi jefe, el hombre que en definitiva no puedo pensar. Además, yo no estoy aquí para otra cosa que no sea ayudarlo con su hija.
Sin embargo, no puedo n