—¿Estas seguras de que no me va a odiar?
Pongo los ojos en blanco ante la pregunta que Roman me hace por enésima vez.
—Por supuesto que no te va a odiar —replico —Mi madre es una mujer dulce. Algo parlanchina pero dulce—. Asiente mientras se muerde el dedo.
Mi madre había decidido hacer una cena.
Invito a Dorian y me llamo para saber si Roman y Paloma querían unirse a la cena.
En principio pensé que Roman declinaría. Pero acepto y sé que lo hizo por mí. Sin embargo, es claro que está nervioso.