El recuerdo de la noche anterior.
James:
Además de las sonrisas ensayadas, los saludos forzados, las copas alzadas y las formalidades inevitables, algo me molestaba mucho más en ese evento.
Desde que desperté, un recuerdo insistía en perturbarme: el perfume de Sara.
Dulce, marcado… imposible de confundir.
El problema es que, cada vez que cierro los ojos, no es su rostro lo que veo.
Es el de Amélia.
Entre un saludo y otro, mis ojos, inevitablemente, se posan sobre ella.
Demasiado rápido, desvío la mirada —como si el simpl