PARA EL SEGUNDO DÍA, Alessa se encontraba en su humilde departamento —ubicado en uno de los barrios newyorkinos de reputación cuestionable— hurgando como una reverenda perezosa dentro del armario en su habitación. Por el contrario, la ingrata de su amiga y también compañera de piso, para rematar, estaba muy cómoda en su cama observando la ropa volar por los aires alrededor de la volátil pelirroja en pijama de los Power Rangers. Muy elegante.
—¿Qué tanto buscas, Sinclair? —preguntó la castaña,