El sonido de la alarma lo había sacado de la cama seis minutos después de las cinco de la mañana. La advertencia de una resaca inminente palpitó en sus sienes perladas de sudor, haciéndolo gruñir mientras arrastraba los pies hasta el baño. Necesitaba una buena ducha para volver a ser humano. Apestaba a whisky y derrota. El agua fría se llevó por el desagüe una gran parte de sus males, la otra parte anidó en un rincón de su pecho.
Leonardo peinó los mechones húmedos de su cabello negro y caminó