—¡No puedo creer que estoy yendo tarde a mi boda! —exclamó la pelirroja azorada, intentando ponerse el liguero bajo el vestido blanco sin estropearlo.
El vestido de novia era de encaje, strapple y sin cola, no quería arruinarlo todo si se enredaba con esa cola larga y rimbombante. El vestido era sencillo, pero su sencillez combinó con el descarado escote en su espalda.
Tenía unos guantes blancos que llegaban más arriba de los codos, un detalle muy elegante y vintage. No llevó accesorios, solo u