—Princesa, oye. Oye. —Acarició su cabello y se lo apartó de la cara. La pudo ver mejor, allí con los ojos enrojecidos y la mirada compungida—. Dime qué ocurre. Mírame, estoy aquí.
Alessa negó con la cabeza, cohibida. Leonardo detectó de inmediato las barreras que ella se negó a derribar.
—Alessa, sé que esto no es por un simple desayuno que te salió mal o una prueba de embarazo negativa. Hay algo más y lo necesito. Necesito que te abras conmigo —exigió con mucha seriedad en esta ocasión, causand