—Después de todo este tiempo alejándome de él, hiciste esto —declaró Alessa, mirando fijamente los ojos azules de Elliot—. Si me dices que es por negocios...
Para qué negar que las sensaciones en su cuerpo se multiplicaban mientras Leonardo Gold la vigilaba desde el otro lado de la habitación. Podía sentirlo, en sus huesos y en su carne sensible.
—Son negocios, después de todo.
Resopló una risa débil.
—No te creo.
Fue inevitable tensarse cuando él puso una mano en el costado de su cuello y se in