A pesar de la distancia y las responsabilidades que los dividieron, Leonardo no había perdido contacto con su niña problema.
Fue imposible hacerlo, de todos modos. Ella, tan egoísta, tampoco lo dejó ir. Y él, tan egoísta, se quedó por voluntad.
A través de mensajes, llamadas. Alessa le cumplió siempre los deseos de probarla en fotos y vídeos. Le enviaba seguidos y varios, mandándole besos y miradas tanto graciosas como traviesas.
Él correspondió sus regalos, estuviera donde estuviera. Le mostró