—Qué… ¿No te dije que no te pusieras eso? —Leonardo elevó la voz y la señaló.
—Pero me lo quise poner. —Ella se encogió de hombros aún con la sonrisa en su cara.
—Ah, quisiste. —Resopló—. Pues fui claro contigo.
—¿Fuiste claro?
—Fui muy claro.
—No es cierto.
—Sí. Lo fui.
—Sólo aclaraste que no lo trajera más, pero no mencionaste la parte de si yo quería o no —replicó la pelirroja moviendo un poco sus caderas.
A Leonardo casi le daba un paro cardíaco viendo de nuevo aquella falda que le parecía