La sala se sumió en un completo silencio de conmoción y Leonardo se imaginó cuántas veces debió Alessa imaginar que esto sucedería: ella irrumpiendo por la puerta como un huracán de pelo rojo y boca salvaje, callándole la boca a todos los misóginos que ocuparon la mesa ovalada y pensaron que ella sería una gatita y no una fiera indomable.
Gente ilusa.
La gatita fue propiedad única y exclusiva de Leonardo, en la privacidad, en la intimidad, cuando el deseo incendió la venas y ella se rindió an