En la Mansión Familiar Fernández, China.
Cuando Daniel Fernández regresó, vio a Camila con el cabello despeinado, la ropa desgarrada, el rostro cubierto de suciedad y rastros de lágrimas. Parecía un demonio salido directamente del infierno.
Abrazaba con fuerza a Andrés Fernández, encerrándose con él en una habitación. Se negaba a abrir, sin importar quién suplicara.
Al ver a Daniel, su madre, la Sra. Fernández, pareció encontrar por fin su pilar fundamental:
—¡Daniel! Camila se ha vuelto loca. ¡