—Despertaste —la voz de Elena era tranquila y fría, como si ellos dos fueran meros desconocidos que se cruzaban por casualidad.
Pero Daniel temblaba de emoción.
Un mes entero sin verla. La nostalgia osificante era como una marea infinita, a punto de enloquecerlo.
Ahora, por fin la veía de nuevo, escuchaba su voz. La emoción se desbordó al instante.
Con los ojos enrojecidos, se incorporó de golpe y la atrajo con fuerza contra su pecho.
—Elena, eres realmente tú. Elena, te he extrañado tanto.
Su v