Después de encargarle a alguien que vigilara a Snow, Aleron regresó al palacio y retomó sus obligaciones como rey. No importaba adónde fuera ella: cuando terminaba de atender los asuntos de la corte, él la seguía a escondidas. Le bastaba con que Snow no se enterara de su presencia.
Ciaran le tomaba la mano a Snow y sentía una frustración de la que no conseguía librarse, pero tenía pocas opciones. Era el mejor asesino del mundo, pero la cantidad de guardias y centinelas que Aleron tenía a su dis