—Quiero decir, ¿alguien te obligó…?
—¿Qué? No, mamá, claro que no. ¿Cómo se te ocurre decir algo así?
—Entonces, ¿de quién es? ¿De alguien de la manada?
—No. —cerré los ojos. Ya empezaba lo inevitable.
—¿De otra manada? ¿Cuál?
—Mamá, ¿podemos dejar esto para después?
—¿Cuál? —su aura de Luna me cayó sobre mi como una orden.
No iba a soltarme hasta que respondiera, pero no podía permitir que supiera la verdad, así que me aferré a la única salida: seguir con la mentira.
—No es de los nuestros.
—¿