—Sí. ¿Y tú entonces? ¿Por qué huiste para tus 18?
—Ya conoces a mamá... siempre con ojos encima. No tenía oportunidad, ya sabes, a menos que me fuera de la manada.
Él frunció el ceño mientras me servía lentamente una copa de champán y me la ofrecía. Dudé en aceptarla, sus ojos ardían por mis últimas palabras.
—No, no lo sé.
No debería haber dicho lo que acababa de decir. Posiblemente acababa de hacer que despidieran al barman de abajo.
—No importa.
—No, continúa, dime... —Terminó de servirse su