En un momento llegamos a pensar que estaba muerto. Javier estaba convencido, a pesar de que aún podía sentir el vínculo de trillizos... ¿cómo pudo hacer eso... a su familia?
A su manada.
Toda esperanza de que una sonrisa apareciera en mis labios desapareció cuando la ira tomó la delantera, ardiendo salvajemente dentro de mí, una ira que nunca antes había sentido.
¿Quién se creía que era?
Mantuve mis ojos en él, mi loba, más que nada, decidida a no darle la espalda, este era un lobo depredador...