Él puso su brazo alrededor de su hombro, susurrándole algo al oído que le arrancó una tímida sonrisa, para luego llevarla a la pista de baile.
Hubo un tiempo en que Jorge y Clío eran inseparables, por lo que él la defendería hasta de su propio padre. No sabía qué estaba pasando con Jorge, pero esa nueva imagen de chico malo simplemente no le cuadraba, y ella no merecía ser el blanco de su ira, una ira de la que no tenía idea de su origen.
Sus ojos, ahora como dagas, estaban fijos en Javier. Se m