8. Compras
Las mejillas de Georgia se encendieron, las palabras de Stephen la agarraron por sorpresa y no supo qué decir. Su corazón dio un salto y se le hizo un vacío en su estómago. Hace mucho tiempo no se sentía de esa forma, para ser más claros, hace más de ocho años y el culpable era el mismo.
Stephen y Georgia se quedaron quietos en su lugar, sus ojos quedaron conectados por un tiempo que no supieron definir.
—¡Papito! —gritó Annie, rompiendo la tensión entre sus padres —. ¡Ve a arreglarte! ¡Apúrate