Capítulo 35

Namar y Kerim entrenaron durante al menos una hora. El joven lobo estaba impresionado al darse cuenta de la habilidad de aquella joven loba; sin embargo, para Namar, era el único modo de poder sacar toda su rabia e impotencia, al no tener la posibilidad de correr y gritar.

El rostro de Caleb no se borraba de su mente ¿Cómo estaría él? Su corazón no se atrevía a contar los días que faltaban para el equinoccio de primavera; fecha en la que, irremediablemente, verían sus vidas separadas. Para ese
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