“Todo”.
Los orbes cerúleos de Nadine lo taladraron, exigiendo más respuestas. Las lágrimas cristalizaron los bordes de esos globos perfectos, haciéndolos brillar, las únicas dos estrellas abrasadoras en su cielo.
La única luz en su oscuridad, y acababa de hacer todo lo posible para extinguirla.
Ahora quería que él describiera todo el sórdido enredo de principio a fin para que ella pudiera entenderlo.
Sabía que sería el último apagado de la llama en sus ojos, el diluyente de pintura en el mur