La vista era tan adorable que todos los miembros de la familia tuvieron que sonreír, reír y cantar. Nicolai estaba empañado mirando al hombrecito, su memoria lo transportaba a todos los días divertidos que había pasado con su tocayo.
—¡Parece que de hecho es un pequeño Mijail!—les sonrió Nicolai—. Entonces, dime, Nancy, ¿qué has estado haciendo en Nueva York?— preguntó con curiosidad.
—He estado ocupada, padre, muy ocupada. Me las arreglé para tomar el negocio de la familia Simón, fusionarlo