El sonido del llanto del bebé sacó a Nadine de su sueño. Sus ojos se abrieron y se encontró cara a cara con su apuesto esposo. Él la miraba y sonreía.
—Algo me dice que Mijail Junior tiene hambre.
—No digas. ¿Qué, él te dio esa idea?
—Podría ser el hombrecito que te llama a gritos desde la otra habitación.
Nadine sonrió a este hermoso hombre a su lado. No se cansaba de despertar y verlo allí junto a ella.
Ella lo besó con fuerza en los labios.
—¡No te vayas a ningún lado! ¡Déjame ir a alimentar