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MARIANNE

En ese momento llegaron los meseros con la comida que Edgard había seleccionado para nosotros pero yo había perdido mi apetito aparte de mi seguridad.

—Debes comer — me dijo él cuando se sentó y yo aparte mi plato, partió con gracia un pedazo de carne y se lo echó a la boca. Hasta verlo comer era un deleite, mi cabeza voló sobre las palabras que me había dicho Jessenia y que tenía profundamente grabadas en mis recuerdos.

Con sobrenatural calma me di cuenta
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