El orden de entrada era así.
Amanda tomó a mi padre del brazo y él a ella. A través de la tela de mi velo vi a los tres hombres de nuestras vidas parados en mitad de la iglesia cada uno con el ramo de cada una. Lirios tenía el mío y Edgard, magnánimamente atractivo en su traje, los sostenía para mi mientras sentía el calor verde de sus ojos sobre mi figura, seguramente tan diferente de las