Nos vestimos sin prisa, entre risas, confidencias de lo vivido esa noche, entre besos furtivos, rápidos, y pellizcos improvisados. Una hora después, Mario aparcaba su coche frente a mi casa, había amanecido.
- Nos vemos el miercoles, entonces - dije antes de bajar del coche, me acerqué a besarle, cuando el sonrió de oreja oreja.- Qué?
- Te has pueso mi perfume
- Si un poco para refrescarme.
- Irás oliendo a mi toda la semana -se rió.
- Después de una buena ducha, se irá el olor.
- No, no