CAPÍTULO 11

Nos vestimos sin prisa, entre risas, confidencias de lo vivido esa noche, entre besos furtivos, rápidos, y pellizcos improvisados. Una hora después, Mario aparcaba su coche frente a mi casa, había amanecido.

- Nos vemos el miercoles, entonces - dije antes de bajar del coche, me acerqué a besarle, cuando el sonrió de oreja oreja.- Qué?

- Te has pueso mi perfume

- Si un poco para refrescarme.

- Irás oliendo a mi toda la semana -se rió.

- Después de una buena ducha, se irá el olor.

- No, no
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